miércoles, 27 de abril de 2016

¡Qué Vergüenza!

¡Qué Vergüenza! 


Publicado en el Independiente de Granada, el domingo 24 de abril.


¡Qué Vergüenza!

Cuando hace unos días saltó el escándalo de la Operación Nazarí que alcanzó repercusión en toda España “y parte del extranjero”,  me vino a la cabeza aquél mal chiste, y seguro que políticamente incorrecto, de la señora a la que le confesaban que su marido le ponía los cuernos con la vecina del cuarto y a lo que ella exclamó: ¡qué vergüenza!, con lo mal que lo hace él y con lo chismosa que es ella. 

Traigo a colación este chiste porque confieso que me entró una enorme desazón que se supiera urbi et orbe que nuestro alcalde habíasido implicado en una trama supuestamente mafiosa que nos colocaba en el mapa negro español de la (presunta) corrupción en una posición prominente  junto a Valencia o Madrid y además que en todo el mundo se enteraran de que los granadinos teníamos como máximo representante del gobierno de la ciudad a un tipo como Torres HURTADO que ahora ocupaba titulares, portadas y “totalillos” en todos los medios.

Se me vino a la cabeza que mucha gente se iba a preguntar como una ciudad tan culta y tan cosmopolita podía haber elegido (a mí que no me echen la culpa, bien es sabido que vengo pregonando de su desastroso legado en múltiples sentidos, aparte del que ahora está aflorando), con el agravante de reincidencia, a un tipo tan rudo y tan chabacano como PepeTo el tractorista. 

Sus comentarios zafios y  machistas, sus ocurrencias, coleccionables como las berbeladas del Kiki pero sin aquella gracia que tenía ‘Don Grabiel’, ahora han re-circulado por toda España y hasta el Wyoming ha hecho descansar varios días a los guionistas de El Intermedio  porque el material proporcionado por el arcarde era abundante y gratis. De todas las anécdotas ahora repasadas y difundidas por todos los medios de comunicación para describir al “personaje” a  mí la que más vergüenza me da es la que pronunció en el Salón de Plenos del  Ayuntamiento, con motivo de la entrega de los diplomas de reconocimiento a los 10 alumnos de la capital que mejor nota habían sacado en
Selectividad, y soltó aquello de
ahora os ponéis ropa comodica para la fiesta (…)  porque la mujer cuanto más desnuda, más elegante y el hombre, cuanto más vestido, más elegante”. 

En nuestra ciudad era un secreto a voces, que algo “olía a podrido” en los temas urbanísticos. Ya estaban cansados (y perseguidos por ello) Paco Cuenca y el resto de concejales del PSOE y el todoterreno izquierdauno -pero en ocasiones como si fueran veintiuno-, Puentedura, de denunciarlo en los Plenos, en la prensa y en la Fiscalía.  En la ciudad,  salvo para el que no quería verlo, y sigue sin querer hacerlo, no ha sido una sorpresa, pues mucho se había hablado de lo que ahora se ha denominado Operación Nazarí,  que es una palabra que engloba muchos casos dignos de “El Caso”,  cuyos capítulos podríamos denominar “El rapto del Serrallo”  o  “El asalto al Palacio de Cristal de Hielo” o bien pasajes de la serie expediente X  entre los que tendríamos “la Ciudad de la Luz y de las Sombras (de la sospecha)”,  o “la estafa inmobiliaria más ‘alta’ de la historia” -me refiero a la del Pabellón Mulhacén-, por citar sólo algunos de los más relevantes y peliculeros asuntos turbios del urbanismo de la ciudad.

He sentido también una gran vergüenza de que sea una pelea interna en los dos bandos del PP (¿o sería más correcto decir bandas?), una de las razones principales de que se haya destapado el asunto. Siento ahora una gran vergüenza por cómo está gestionando la crisis el presidente provincial del PP, Sebastián Pérez, apareciendo a la vez como víctima y verdugo, y queriendo vendernos su dimisión como “un sacrificio por el bien del Partido”, manteniendo el asiento frío e impoluto y el sueldo calentito y manchado, de senador del Reino.

Siento ahora mismo una gran vergüenza también de la manera en la que se conduce el líder local de Ciudadanos en estos días, repitiendo las maniobras orquestales en la oscuridad y en la ambigüedad con las que nos deleitó tras las elecciones municipales del año pasado que permitieron finalmente el pacto de “El Asador” y la continuidad del arcarde, en teoría sólo hasta noviembre. Luis  Salvador vuelve a dar más espectáculo que Luis Enrique en las ruedas de prensa y demuestra que le gusta más un flash y un micrófono que hacer Política, con mayúsculas, de la que necesita ahora la ciudad, y el país. Y es que a los naranjitos y al nuestro en especial hay que explicarles que no se puede ser como el cura de Almería que quería a la vez “joder y letanía”. 

Pero me temo que no me pueda tapar todas las vergüenzas porque nos quedan muchas que pasar todavía, vergüenzas y miserias.

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